Pulp Wallace

Me quedo en el camino

Se termina la carretera en un túnel.
Se respira el olor del asfalto recién tirado.
No es negro todo lo que reluce. Hay lineas que marcan salidas, direcciones, alternativas...
Pero tú acabas en el túnel.
Hagas cómo lo hagas.
Digas lo que digas.
Escojas las indicaciones que creas más convenientes.
El túnel te espera.
Yo me quedo sobre el asfalto.
No es que no quiera caminar, es que no me gusta saber mi camino.
Me gusta el senderismo sobre el pavimento.
Como quien ama caminar sobre tacones.
Es incongruente saber que acabarás con los pies en carne viva. 
Pero son asfalto y tacones de aguja los que hacen determinantes los pasos aunque pienses que puedan ser imprecisos. Te dan seguridad en ti mismo. Caminas firme.
Y es el dolor de esos pasos los que refuerzan el sadismo de mis deseos.
Porque le deseo... 
Quiero decir, que deseo: verte ir por ese túnel y yacer sobre el negro bravío de este empedrado en la carretera.

Quizás es demasiada mi inventiva. Pero estas lineas pintadas que marcan señales en nuestros caminos, las veo como pistas de un enigma que potencia el albedrío que pule las sonrisas que me hacen parecer necia.
Resulta que necia es la palabra más bonita que el sol que me ha escuchado decir en los últimos meses.
Así que es me desplomo en esta carretera esperando verte pasar, mientras juego a adivinar qué quieren mostrarme esas señales del suelo con sus bailes y sus lineal rectas tan desiguales.

No quiero ser el destino definido.

No quiero ser el guardia.

Ni mucho menos la barrera del camino.

Quiero ser el autostopista que dice “lléveme usted a donde pueda” Pero no siga esas señales.


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